Ser madre: La honra más sublime
Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. (…) Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas.
Proverbios 31:10, 29
Estos versículos representan una declaración profunda y solemne: un llamado claro desde el cielo a una sociedad que vive con prisa, sin dar importancia a las cosas de Dios. Según algunos intérpretes, estas palabras fueron dichas por una mujer profética a su hijo, un rey.
Imagina a una mujer vestida con humildad, de pie en un rincón del mercado central de cualquier gran ciudad latinoamericana. Cientos de mujeres pasan a su alrededor. De pronto, ella levanta su voz y proclama: —¡Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?!
Al escucharla, algunas mujeres se detienen y se reúnen a su alrededor. Ahora imagina sus reacciones al oír la lectura y explicación de Proverbios 31. Probablemente, muchas pensarían que esa mujer descrita no ha sido “liberada”, o que esas palabras pertenecen al pasado y no aplican a nuestra cultura.
Pero surge una pregunta inevitable: ¿cómo puede considerarse anticuada u obsoleta la maternidad y el papel de la mujer en el hogar? ¿Debemos quedarnos en silencio mientras la honra de la maternidad se degrada ante nuestros ojos? ¿Es la maternidad solo un asunto cultural que pierde valor con el tiempo? ¡De ninguna manera!
La mujer virtuosa es madre. Vale la pena repetirlo: la mujer virtuosa descrita en este pasaje es una madre. Este es, quizá, uno de los puntos más significativos del texto. Se trata de una mujer que ha abrazado plenamente todo lo que implica la maternidad.
Criar a sus hijos demanda su tiempo y atención, lo que muchas veces la lleva a centrarse en su hogar en lugar de buscar una carrera profesional. Sin embargo, esto no significa falta de capacidad. Al contrario, la mujer virtuosa posee habilidades, inteligencia y dones notables.
La mujer virtuosa es capaz de administrar su hogar y tomar decisiones con sabiduría. Pero, en lugar de enfocar sus talentos en una profesión, decide invertirlos en su esposo y en sus hijos, edificando su hogar. Esto no es limitación: es sacrificio.
Es evidente que su vida gira en torno a su hogar. Algunas madres han expresado sentirse “esclavizadas” por sus múltiples responsabilidades. Sin embargo, todo depende de la perspectiva. Pregúntale a un pájaro si se siente atrapado en su nido, o a una gallina si se aburre al empollar sus huevos. Ambos actúan conforme a su naturaleza.
De la misma manera, en Proverbios 31 el hogar está profundamente ligado a la identidad de la mujer virtuosa. Dios la llama a ser quien cuida de su casa, y en ello encuentra propósito.
Pero esta mujer es mucho más que una buena administradora del hogar o una excelente cocinera: ella camina con Dios. Él le concede la gracia necesaria para vivir el sacrificio de la maternidad con propósito y fortaleza.
La madre que ha nacido de nuevo, cuyo corazón anhela conocer y amar a Dios, continúa creciendo espiritualmente.
Su relación con Él se fortalece día a día.
La mujer virtuosa busca a Dios con un espíritu contrito en medio de sus tareas diarias. De esa comunión nace su fortaleza, su sabiduría y su capacidad para criar una descendencia para Dios. Este aspecto es fundamental tanto para su crecimiento espiritual como para su labor como madre.
Dentro de este pasaje, el versículo 29 puede verse como una “coronación”: “Muchas mujeres hicieron el bien, mas tú sobrepasas a todas.” Esto nos hace recordar figuras bíblicas como Sara, Débora, Ester, Rut e incluso María. Mujeres dignas de imitar por su fe y virtud.
Desde una perspectiva superficial, podría parecer que la mujer virtuosa simplemente cumple una larga lista de tareas domésticas. Pero Dios no ve una lista de obligaciones, sino el retrato de una mujer extraordinaria. Sin embargo, Proverbios 31 resalta a aquella mujer que, en lo cotidiano, edifica su hogar y cría a sus hijos en el temor de Dios. Por eso, ella “sobrepasa a todas”. No lo olvides.
Ahora bien, ¿cuál es nuestra reacción al escuchar este mensaje? Para muchos, puede parecer una idea ajena o incluso pasada de moda. En la práctica, muchas mujeres modernas lo rechazan sin reflexionarlo.
La maternidad ha sido relegada a un plano secundario. El mundo considera que el “progreso” ha liberado a la mujer de esta supuesta carga. Pero, ¿cuál es el resultado de despreciar el valor de la maternidad? Basta observar la realidad: hogares que se desintegran, familias fragmentadas y una creciente confusión en las nuevas generaciones. Incluso en contextos cristianos, el divorcio ha aumentado.
Es momento de recuperar el valor y la dignidad de la maternidad. Ser madre no es una tarea menor, sino una vocación de gran honra.
Si permaneces fiel a la Palabra de Dios, Él cumplirá sus promesas: “Porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”
Gálatas 6:9
Denny Kenaston
Extracto adaptado del libro “La búsqueda de una descendencia para Dios”